¿Venimos al mundo a ser felices?

No creo en la psicología positiva, ni el las tazas de Mr.Wonderful ni en vivir en plena abundancia.

Creo que todos esos enfoques se apalancan en el deseo profundo que tenemos los seres humanos de no hacer nada, porque vivimos permanentemente cansados y creemos que eso nos hará felices.

Pero no cari, eso no es tu idea de felicidad. 

Es que solo necesitas descansar. 

Igual no una semana, ni un mes. Igual un año o dos o cinco. 

Pero si tu idea del paraíso es tumbarte en una hamaca sobre una playa tropical, simplemente estás agotado.

Quizá, si lo piensas un poco más, tu idea de felicidad es no tener los problemas que tienes.

Es más, no tener problemas que resolver.

Que todo absolutamente te vaya bien. 

Sin reto, sin dificultad, sin preocupación, sin miedo.

Quizá este es un ideal colectivo de irnos bien. 

Pero la neurociencia nos demuestra precisamente lo contrario:

Que ese es el ideal del irnos mal.

Porque un cerebro que no tiene problemas que resolver, se los inventa.

Porque nuestros cerebros no están (aun) diseñados para hacernos felices. 

Están diseñados para sobrevivir creando, previendo y resolviendo problemas. 

Y, además, hacerlo ahorrando energía por el camino.

Por eso sabemos que existen decenas de sesgos cognitivos que demuestran que pensamos mal.

Por eso tenemos dichos (de m*erda, sí) como que Mujer ociosa no puede ser virtuosa.

Por eso tenemos cosas como la Ley de Parkinson, que dice que El trabajo se extiende hasta ocupar el tiempo disponible. 

(O sea, que si solo tienes una cosa que hacer, te llevará todo el día).

Porque nuestros cerebros están pensados para hacer cosas.

Por eso una de las formas más bonitas de conexión y el equilibrio interno es crear. 

Porque pone las capacidades naturales del cerebro en un entorno donde sí encuentra bienestar.

Por eso cada día que te cueste levantarte de la cama, pensar en todo lo que NO quieres hacer, te hace más infeliz que pensar: No he venido al mundo a quedarme durmiendo.

Porque la felicidad no se parece a la ausencia de problemas, sino a elegir los problemas que a ti te hace feliz resolver.

Ahora, para encontrar esos problemas, necesitas tener la autoestima necesaria para salir a buscarlos.

Sí, sí, dar con lo que te satisface está al otro lado de la exposición.

Al otro lado de eso que no has probado, de eso que no era para ti, de eso que te daba rechazo… 

Tendrás que enfrentarte a todo tipo de problemas, para ver cuáles encuentras satisfactorios ¿no?

¿O me dirás que una alcachofa o un mejillón tienen buena pinta la primera vez que te los echan al plato?

O la cerveza, o el café, ¿a quién le gustan la primera vez? 

Y luego mira, todos adictos.

Así que de nuevo, un círculo virtuoso: la autoestima te lleva a probar cosas nuevas para las que NO ESTÁS PREPARADO (esto es un punto imprescindible). 

Cuando los enfrentas, y si además los resuelves, obtienes auto-conocimiento, validación interna, sentido, coherencia, integridad… Y todo eso, refuerza tu autoestima, de nuevo.

Entras a un sitio que no conoces con autoestima A, y pase lo que pase, sales con autoestima A +1.

Así vas probando y descubriendo los problemas que TÚ QUIERES.

Al enfocarte en resolver esos problemas, vives con coherencia y vitalidad (la vitalidad siempre te chiva aquello que se alinea con tu esencia).

A todo eso lo llamas propósito.

A vivir con propósito, felicidad.

Así que ¿quieres ser más feliz con el cerebro que tienes?

Asegúrate de ser TÚ quien elige los problemas que quiere resolver. 

Y no te dejes elegir por otros.

Sé feliz.

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)