El asunto de este email es una frase de una canción de Nathy Peluso, una que es pura poesía lírica y visual.
En esta canción ella tira varias frases bastante desgarradoras:
Lo que yo conocía, todo a lo que le rezaba y le agradecía, delante de mis ojitos desaparecía.
Y sigue:
Me quitaron todo lo que me pertenecía. Llevo días encerrada mil años perdía.
Y luego mete otra:
Me tocó aprender de lo que no me merecía.
Y la historia concluye con la frase con la que he abierto este asunto:
Una noche de nostalgia mirando por la ventana empañada en el coche de la policía.
Lo canta con una base de reggaeton que se convierte en electrónica, pero no te dejes engañar por el beat alegre porque es pura guerra esta canción.
Pero la lección de autoestima en esta canción, está aquí:
Me tocó aprender de lo que no me merecía.
Lo relaciono con un estudio donde psicólogos entrevistaban a víctimas de conflictos bélicos, migrantes forzosos, supervivientes de abuso, personas con traumas heavys.
Los entrevistaban 10-15-20 años después del episodio traumático, para ver qué había pasado con sus vidas.
Algunos habían salido adelante muy bien. Habían logrado integrar su experiencia y prosperar hacia vidas normales.
Otros no.
Otros seguían dando tumbos, con trastorno de estrés post-traumático, bastante atascados aun en esa etapa de sus vidas.
¿Sabes qué concluyeron los psicólogos?¿Qué diferenciaba claramente a uno de otros?
Su narrativa.
Lo que se decían a sí mismos sobre lo que les había pasado. Cómo lo contaban.
Como cada uno integraba ese aprender de lo que no me merecía.
Porque está claro, nadie se merece tener que sufrir grandes desgracias.
La diferencia es que después de las desgracias, los del primer grupo se decían a sí mismos que es lo que les había tocado.
A otros otras cosas, a ellos eso.
No me lo merezco ni más, ni menos.
Es lo que ha sido. Punto.
Los del segundo grupo, buscaban explicaciones más trascendentes, espirituales, esotéricas…
Una causa superior que los había empujado a vivir eso, que los hacía sentir marcados, elegidos perversamente, destinados a sufrir aquella calamidad por gracia de divina, por karma, por justicia o injusticia...
Genéticamente abocados a la desgracia.
Bueno pues, ¿sabes cuáles prosperaron mejor en la vida?
Claro, los primeros. Aquellos que no se identificaron con lo que les pasó.
No consideraron que su desgracia era el resultado de estar marcados, destinados, rotos, más o menos merecedores...
No lo convirtieron en parte de su identidad.
No permitieron que la narrativa sobre su trauma los hiciera perversamente especiales.
No basaron su autoconcepto en lo peor que les había pasado en la vida, aunque fuera lo que más les había dolido.
Porque la narrativa cambia mucho cuando dices:
Me ha pasado esto porque soy así
vs.
Me ha pasado esto. Punto.
La primera narrativa te reduce a tus peores circunstancias. Te identifica con ellas.
La segunda te permite superar el episodio, aprender lo que tengas que aprender, sin incorporarlo como un aspecto de tu personalidad que determine tus futuras decisiones.
Por eso no estoy del todo de acuerdo con llamar víctimas a las víctimas. Sí, entiendo que el nombre verifica y valida que ha habido un abuso.
Pero, ¿identificarte con una víctima te da poder o te lo quita?
Yo, personalmente, prefiero pensar que he sido depredada a pensar que soy una víctima.
Lo primero es circunstancial, lo segundo es determinista.
La narrativa importa mucho para la autoestima.
Pues bien, hemos visto dos narrativas.
Pero existe una tercera vía: la del héroe.
Es decir, que la narrativa sea de superación:
Me ha pasado esto, y lo he superado, porque soy así (guerrera, superviviente, fuerte, lo que quieras).
Y sí, definitivamente esta narrativa es mejor que la de sentir que vas a ser un desgraciado allá donde vayas.
El problema es que esta narrativa te sigue definiendo en relación a ese episodio traumático.
Soy así de fuerte porque superé eso.
Ergo soy como soy por eso, en relación a eso.
¿Y sin eso? ¿Quién soy?
¿Ves?
En otro email te conté mi historia con el villano, ¿te acuerdas?
Yo me consideraba una amazona absoluta por haber salido de una relación tan abusiva.
Y consideraba que verme como una guerrera, era superarlo.
La gente me preguntaba y yo contaba toda mi hazaña. Con humor, con risas, como una película en la que la heroína completa su viaje con éxito.
¿Pues sabes qué?
Que no.
Que ese no fue el día que lo superé realmente.
¿Sabes qué día lo superé realmente?
El día que quise dejar de contar la historia de mi hazaña.
El día que quise cambiar cómo contaba la historia cuando un cualquiera me preguntaba.
Cuando me cansé de contar la aventura y quise cambiar los titulares morbosos.
Cambié el: Sobreviví a un psicópata; por algo que no me definiera en base a esa experiencia, como: Tuve una relación que no funcionó. Y punto.
No para ocultarlo, no por vergüenza.
Si no porque eso ya no me define.
Esa ya no es mi narrativa, porque la Claudia que soy ahora, ya no está en el radio de depredación de personas así.
No tiene sentido, no es coherente con mi nivel de autoestima y mi percepción actual seguir definiéndome en base a esa experiencia.
¿Ves?
La narrativa tiene un papel protagonista en tu autoestima, y tu autoestima en la narrativa.
Así que te devuelvo la pregunta:
Tú, ¿qué cuentas sobre las cosas que te hicieron daño? ¿Qué cuentas de ti?
Sé feliz.
P.D.
La canción es esta, la lanzó para promocionar un conocido juego de playstation donde la protagonista la p*ta ama. El videoclip es un cruce de su excentricidad, el mundo gaming posapocalíptico-distópico-fantástico y el rollito Lady Gaga de los 2009-2010. Pura poesía visual moderna.

Hola, soy Claudia
Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)