¿Eres servil o eres servicial? Uno te da autoestima y otro te la quita

Estoy escuchando hablar a una directora de protocolo en eventos de gente tocha.

Hablamos de la persona que organiza cenas con la Casa Real, Jefes de Estado de la OTAN, altos mandos militares…



En fin, una tía inteligente, historiadora, estudiosa, elegante, sociable, astuta, directiva… Y con mucha, mucha clase, que, no obstante, todo lo que hace es servir a otros.



Literalmente, es como tu madre que te organizaba un cumple con amigos, solo que aquí la princesa igual es la de verdad, y no la que lleva la tiara de cartón plateado, y el castillo no es el de bolas, sino el de los Duques de Alba.



Pero la tía es la que supervisa que la servilleta esté a la derecha y el platito de la mantequilla a la izquierda.



Pues decía, con mucha serenidad:



El oficio de la hostelería se ha perdido porque la gente ya no quiere servir. Despreciamos al que sirve. Pero para mi, servir es un acto de amor, de dignidad, de aprecio al otro. Yo estoy aquí ayudándote a que tú puedas conseguir otra cosa. Trato dignamente a todo el mundo, especialmente al que me sirve, porque le debo mis posibilidades de avanzar en lo mío, a cambio de su servicio.



Esa es la diferencia entre servil y servicial.

Servil es el que se somete al servicio, de manera forzosa o indigna, incluso humillante.

Servicial es quien elige voluntariamente encarnar una actitud de ayuda a los demás.



Claro.

El primero tiene muy poca autoestima, el segundo muchísima.

Y cada vez tengo más claro que una parte crucial de nuestro bienestar, es esa actitud de servicio.

Ese es uno de los grandes valores que hemos perdido, y una de las piezas que están faltando en la felicidad de la sociedad moderna.



La devolución.

La entrega.



Claro, es que dar a los demás cierra el círculo del sentido y de la autoestima:



Yo he pasado por eso, aprendido eso, resuelto eso…



Me ha ayudado a mi, vale, ha sido útil y puede haber mucha utilidad, sentido y bienestar ahí para mi.



OK.



Peeeero.



Si además puedo entregárselo a otro, la dimensión de sentido que alcanza mi tiempo y mi experiencia es más completa, porque es bidireccional: sirve hacia mi interior y sirve hacia mi exterior.



Es como transformar un triste círculo en todo un infinito.



Además, para llegar a ti, pasa por mi. Si es algo bueno que quiero darte, es algo bueno que siento primero yo.



Y por hacerte sentir algo bueno, mi cerbro me recompensa tambien en forma de bienestar por mi servicio, mi utilidad, mi ayuda. Y se refuerza mi sensación de sentido, y de capacidad. Y por tanto, mi autoestima.



¿Lo ves?



Por eso tantas personas que necesitan quererse mejor, se entregan (trágicamente) a querer a los demás.



Porque sacarlo de ti, hacia fuera, es el último paso del proceso.



El problema es intentar dárselo a otros, cuando no lo tienes para ti. Ese es el último paso.

Primero necesitas una fase de desarrollo de la autoestima donde tienes que asegurar tu lugar, tu lugar de amor para ti.



Y ojo, porque mucha gente con apariencia de alta autoestima se queda ahí, en si círculo mediocre de yo para mi.

Nuestra cultura moderna impulsa eso, la individualidad y la autosuficiencia como ejemplos de bienestar.



Lo que no ven es que están limitando su capacidad de sentir una felicidad que solo se alcanza en esta segunda fase, la de promoverlo pa fuera, de entregarlo.



¿Y qué pasa cuando te has saltado alguna de las dos fases?



Si tu amor para ti, es decir, tu capacidad de satisfacer lo que necesitas no llega, te sientes poco vital, incapaz, insuficiente etc.



Si además tu amor está totalmente volcado a los demás, te quemas, te sientes demandado en exceso por la vida, resentido, poco importante.



Si todo lo tuyo es para ti, entonces te verás como egoista, arrogante, inaccesible, desconectado de los demás, hiperexigente... Y también falto por ese lado, claro.



En un extremo eres una víctima, en el otro un narcisista.

Y entre medias, pues todos los entremedios de rango de las autoestimas.



Pero en el centro, en cambio, vive tu autoestima sana.



La autoestima sana que fluye como ese infinito de energía vital:



Recoge lo de fuera y lo usa para potenciarse dentro, y sacar el poder de dentro a nutrir lo de fuera.

Ese flow es lo más parecido que podemos tener a la felicidad.



Por eso, solo cuando ya tienes una base de autoestima y ya has aprendido a velar por tus intereses, sin culpa ni castigo ni negligencia, entonces puedes pasar a la siguiente fase de tu desarrollo.



Y TODO ESTO SE PUEDE DESCUBRIR HACIÉNDOTE DOS PREGUNTAS:



En la primera fase, la pregunta es: Qué quiero yo de la vida.



En la segunda fase, la pregunta es: Cómo puedo ponerme al servicio de la vida.



Para potenciar todavía más el efecto para tu autoestima y tu bienestar, cambia la pregunta un poco más, e introduce el amor, que al final es de lo que va todo esto:



¿Cómo puedo yo servir más al amor?

¿Cuál de las elecciones que tengo delante, trae más amor?

¿Cuál de las actitudes que puedo adoptar me hace sentir más amor?



Y mi favorita, y la que más me saca de mis patrones mentales nocivos:



¿Cómo puedo traer amor a X situación?



Si la respuesta te incluye a ti tanto como al otro, y al otro tanto como a ti, ya tienes tu infinito de autoestima y bienestar.



Si no, tendrás que seguir leyéndome.



Sé feliz.

P.D.

La entrevista es esta y si quieres ampliar tu mira y tus límites mentales, te recomiendo que la escuches apagando tu filtro contra lo pijo, porque esta mujer habla de realidades de gente con mucho privilegio y se te va a despertar fuertemente el resentimiento de clase. Pero si lo haces, podrás aprender algo sobre otras formas de estar en el mundo :)

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)