Lo que aprendí en una fiesta con 20 personas desnudas

Soy libre porque no me cuestiono todo el rato quién soy.

Es una frase que dijo la cantante AURORA una entrevista donde le preguntan cómo podía cantar así.

Si no la has escuchado ni disfrutado de su espectáculo visual, te recomiendo ira YouTube a gozar.

Ella expresó algo así como (en mis palabras):

Soy libre porque no analizo todo el rato quien soy. Como no me esfuerzo por definirme como esto o lo otro, tengo libertad para ser quien deseo en cada momento.

Esta frase me parece la expresión máxima de lo que he aprendido sobre la autoestima:

  • Por un lado, una aceptación radical de uno mismo. Esto significa que piensas y decides como si tuvieras dignidad y merecimiento, por descontado, todo el tiempo.

  • Por otro lado, la intención continua de experimentarse a uno mismo. Esto es, la confianza en ti, en tus capacidades y en la vida. La libertad para expresarte y la ambición para moverte.

Cada vez que dices “Yo soy” y sus variantes, estás revelando una creencia fundamental sobre ti mismo.

¿Y de dónde te alejan o a dónde te acercan esas creencias?

Pues a la aceptación radical de quien eres.

A expresar tu ser libremente.


A vivir desde la autenticidad.

El problema es que todas estas etiquetas, incluso las positivas, pueden en cierto momento volverse una losa.

Porque cada una de estas creencias y etiquetas es una costura en el traje de tu identidad.

¿Y qué pasa cuando necesitas cambiar partes del traje?

Que se crea una incoherencia en tí, y tu entorno no tardará en señalártela.

Eso provoca que tengas que elegir:

Quedarte con el traje antiguo, aunque tu sentir y circunstancias hayan cambiado, o soltarlo y ponerte el nuevo, aunque aun no sepas ni cómo de bien o mal te queda.

A eso se le llama disonancia cognitiva, y es el proceso que vivimos cada vez que se nos presenta la necesidad de cambiar de opinión.

La disonancia cognitiva es dolorosa.

Por eso a la gente le cuesta tanto cambiar de opinión.

Pero cada vez que logras aceptar una opinión diferente…

Cada vez que logras cambiar tu opinión, incluso por una opuesta…

Cada vez que logras soltar una etiqueta de identidad y agarrar otra, con naturalidad…

Cada vez que logras sobreponerte a cómo te identifica tu entorno, incluso cambiar cómo te perciben…

Cada vez que haces esto, ganas libertad mental.

Ganas flexibilidad y cada nueva disonancia cognitiva (que no es más que una tensión), ya no duele tanto.

Y cuando llegas al punto en el que soltar etiquetas de identidad ya no duele nada, llegas al punto de la libertad total para expresarte y vivirte como eres, y como vas siendo. O sea, llegas a la aceptación radical.

Y puedes decir cosas como:

Soy libre porque no me cuestiono todo el rato quién soy.

Entonces puedes vivir cualquier cosa que te apetezca vivir, porque no colisiona con ninguna otra cosa hayas dicho que eres, y que tengas que mantener.

Te pongo un ejemplo de algo muuuuuy personal que me pasó hace poco.

En julio dejé de fumar, y en menos de un mes fui a una fiesta en una finca con piscina.

Piscina en la que había 20 o 30 personas desnudas, porque este grupo de amigos hace nudismo.

Conquistar la posibilidad de practicar nudismo fue un grandísimo logro para mi autoestima, algo que me propuse activamente hace un par de años y que trato de honrar siempre que voy a la playa o al río.

Es algo que normalmente disfruto y me conecta aún más con el lugar en el que estoy, y con las personas con las que lo hago.

[Dato curioso: cuando practicas nudismo, dejas de mirar el cuerpo de la gente. Curiosamente, el bikini y el bañador producen una especie de efecto de atracción de atención, mientras que con alguien desnudo ocurre lo contrario: echas un vistazo rápido, lo ves todo un minuto, y automáticamente tu cerebro pasa a ignorarlo y a centrarse en la persona completa que tienes delante. Pero este hechizo solo hace efecto si tú también estás desnudo. Curioso, ¿verdad?].

Bueno, pues aquel día voy a mi primera fiesta llena de fumadores, sin tabaco, apenas un mes después de haberlo dejado, con varias personas desnudas que no conocía mucho.

Entre ellos, había varios hombres, el colectivo con el que menos a gusto se siente una mujer desnuda en público.

Como todas las mujeres, yo también he sido depredada, así que desnudarme en público, es tanto un acto de rebeldía como un acto de vulnerabilidad extrema. O sea que te puede dar o mucha fuerza, o mucha ansiedad.

Así que llegué y me encontré:

  • En una fiesta con gente nueva, entre ellos varios hombres.

  • Rodeada de personas nudistas.

  • Recién dejado el tabaco.

  • Rodeada de un 90% de gente que fumaría y bebería, y yo no.

  • Con una ansiedad ya arrastrada de toda la semana por pensar en la fiesta.

En general, el entorno con estas personas siempre ha sido bastante seguro. De hecho, TODAS las demás mujeres de la fiesta sí estaban practicando nudismo o semi desnudez.

Y cuando digo todas, es TODAS.

Eso me convertiría en la única chica en toda la fiesta con el bikini puesto, si me lo dejaba puesto.

Aquí tuve una disonancia cognitiva:

  • Por un lado, llevaba todo el verano practicando nudismo con la mayoría de estas personas, ¿qué incoherencia sería no hacerlo ahora?.

  • Por otro lado, tenía un factor de incomodidad muy grande por la ansiedad que llevaba acumulada, el no poder fumar y estar frente a personas desconocidas, en una fiesta que de por si me resulta un entorno un poco estresante.

¿Sabes qué hice para resolverla?

Ser brutalmente honesta conmigo misma.

La idea de desnudarme con desconocidos me incomodaba tanto, que mantener mi etiqueta de “nudista, rebelde y feminista” iba a suponer pasar por encima de mi y de mis necesidades de ese momento.

De ese momento, es la clave aquí.

Así que, valoré: ¿Unirme a todas las demás chicas y desnudarme, sabiendo que hoy me iba a aumentar la ansiedad? ¿O ser LA ÚNICA que se quedaría con el bikini puesto y cerrarme, al menos, ese frente, para poder centrarme en el tema del tabaco?

Pues te diré esto: descubrí en vivo y en directo como con una buena autoestima, la presión social nunca es más dolorosa que pasar por encima de ti misma.

Con una autoestima sana, traicionarte a ti misma nunca es un precio que se pueda pagar.

Así que elegí ser la única mujer con el bikini puesto y restar uno de los factores de incomodidad, para poder enfocar mis energías en mantenerme fiel a mi promesa y gestionar mi ansiedad.

Siendo que practicar nudismo me ha resultado tan liberador otras veces, en esta ocasión mantener la etiqueta habría supuesto pasar por encima de lo que estoy necesitando en ese momento.

Así que solté la etiqueta de nudista y feminista porque intento ser más como AURORA:

Libre porque no me cuestiono todo el rato quién soy.

¿Lo ves?

Permitirte cambiar de opinión es uno de los mayores actos de amor y autoestima que puedes tener contigo.

Porque cuanto más conectada estás con tus necesidades, cuanto más practicas la aceptación radical, más puedes elegir la opción amable y la autenticidad, menos sufres la disonancia cognitiva.

Ahí vive más tu autoestima que en ser nudista, feminista, rebelde o lo que sea que introduzcas después de:

“Yo soy…”

Sé feliz.

P.D.

Por si te lo estabas preguntando, no, nadie me increpó (ni siquiera me preguntaron) por qué elegí no practicar nudismo ese día. Así es como se ve tener un entorno seguro: nadie te cuestiona, no te señalan negativamente, no te increpan, no te presionan para unirte a la tendencia general... Esto es una de las mejores cosas que pasan con una buena autoestima, que empiezas a repeler a todo el que te invita a pasarte por encima. También te sientes así de respetado cuando trabajas con una buena consultora de marketing que no te obliga a vender tu alma a los algoritmos :)

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)