Todos los veranos de mi infancia, le pedía a mi madre que me llevara a un centro de recuperación de fauna que teníamos cerca de casa. Allí podías ver buitres, búhos, zorros… Y lobos. Lobos ibéricos (los pelirrojos). Que se acercaban a la valla a que les rascaras el lomito.
Obsesa desde pequeña con los cánidos como me hallo, no pude negarme a ir a ver una serie de documentales que se proyectaron ayer sobre la vuelta del lobo a Extremadura.
Condujimos 45 minutos para encontrarme, ante mi sorpresa, con hora y media de gente contando historias populares, canciones y cuentos de lobos.
Pero ni un maldito lobo salía.
Eso sí, ¿te imaginas el tipo de historias no? Todas de mala reputación y episodios de payeses contra ellos.
El colmo fue la de violador, cura, y que se ahorcó. Más, cuando hallaron el cadáver, era un lobo.
Tócate los…
Ahí me salí del cine maldiciendo en arameo, y pensé en el odio y en demonizar.
Y ojo, entiendo que estar expuesto a alguien que parece amenazar tu forma de vida, es enfurecedor.
Pero, ¿sabes qué más hacen los lobos aparte de matar al ganado?
Cuidan de sus heridos y de sus mayores. Toda la manada asiste con comida, lame sus heridas y adapta el paso para no dejarlos atrás.
Lloran a sus muertos, rompiendo el aullido conjunto cuando alguien falta y cambiando a un timbre melancólico cada aullido individual. Especialmente si eran amigos.
Lideran las hembras. Lo del macho alfa es un concepto de los 50 que está tan desacreditado como el señoro que lo acuñó. La hembra madre es la máxima institución de la manada.
Y, ¿sabes qué más contaban los ganaderos? Que los ataques al ganado se producen, sobre todo, por lobos en su periodo “solitario”, que andan buscando otra pareja para crear su linaje.
Ya ves, los lobos emprendedores buscándose la vida.
Y también se producen ataques por manadas que se han quedado descabezadas por la muerte de la pareja dominante.
Por eso, cuando los cazan, si matan a los líderes en vez de a los dispersados, la lían parda: en vez de uno o dos lobos solitarios, instigan un estado de neurosis a una manada completa.
Y aquí está la lección de autoestima:
No puedes amar algo que no conoces. Porque:
El primer paso para amar, es conocer (curiosidad).
El segundo, comprender (apertura)
El tercero, elegir cuidarlo (responsabilidad).
El cuarto, sostenerlo en el tiempo (compromiso).
Lo dijo Eric Fromm en El arte de amar y aplica a todas las formas de amor, incluido a ti mismo.
Cualquier forma de amor: a ti mismo, a tu pareja, a tus hijos, a tu arte, a tus amigos, a Dios… Empieza en conocer.
Por eso el miedo y el odio, los enemigos del amor, se alivian con la curiosidad de conocer y la apertura a comprender.
Conocer es acercarse, familiarizarse, integrar…
El miedo y el odio solo caben en la separación, en la rabia, en la inseguridad o la arrogancia (que son lo mismo).
Entregarte el regalo de la curiosidad y la intención de entender, es entregarte el regalo del amor.
Cuando no te conoces, no te entiendes, no quieres mirarte, no sabes qué necesitas o no aprecias de donde vienes… Eres un desconocido para ti mismo.
Y puedes odiarte fácilmente. Que es lo contrario de lo que haría tu buena autoestima.
Por eso una autoestima sana demanda mirar y mirarte.
Tus necesidades, tus relaciones, tu pasado, tus anhelos, tus juicios, tus aspiraciones… Y extenderlo a tu entorno.
No para evaluar o sentenciar, sino para entender.
El principal enemigo de tu amor es negar la curiosidad y atraparte en una narrativa que se te repite.
Es el equivalente mental a mirar por una rendija pequeña, siempre la misma.
Es lo que hace el perrito que ladra endemoniado tras la linde de su jardín, y que se suprime cuando le abres la puerta y le permites olerte, y conocerte.
Asusta, porque abrir la puerta le obliga a exponerse.
Pero es más agotador vivir enfurecido tras la valla.
Por eso, en realidad, conectar con el amor es tan fácil: empieza por cambiar la perspectiva, para ver más allá de lo que siempre te dices.
Mi pregunta favorita para ampliar mi narrativa cuando estoy repitiendo una historia dolorosa en mi mente, siempre es….
Pienso que esto es así, pero... ¿Y si no?
Ahí empieza el regalo del amor.
Sé feliz.

Hola, soy Claudia
Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)