Este email contiene un tema fascinante

Hace unos años probé Tinder, y me pasó una cosa fascinante.

Iba a una cita con un chico y después de 4-5h de conversación (podrías decir que había ido razonablemente bien), me montaba en el autobús de vuelta, y no era capaz de recordar nada de lo que había pasado.

Cuando digo NADA, es prácticamente NADA.

No sabría volver al restaurante donde habíamos estado.

No sabría darte más que un par de titulares de lo que me había contado.

Podía acordarme sólo de las cosas que me habían llamado mucho la atención.

Cosas del tipo:

Ah, mira, se ha pedido una bebida que no conozco, Disaronno, ¿qué es eso? Oh un licor delicioso y naranja, fabuloso, lo anotaré con mucha prioridad en mi cerebro porque es un dato nuevo y tengo TDAH, pero sobre por qué lo dejó con su anterior novia, mejor no anotamos nada.

No era normal tener esos vacíos cuando ni siquiera tomaba alcohol ni drogas.

Descubrí qué coño me pasaba en la primera ronda de terapia que hice con Marcela.

A través de un libro titulado No soy yo.

Fue la primera vez que sentí que alguien entraba en mi mente y me explicaba qué narices había ahí.

Explicaba por qué no me acordaba nunca de nada.

Por qué hacía lo contrario de lo que pensaba y sentía.

Por qué decía cosas de las que luego me arrepentía.

O por qué solo me defendía de discusiones en diferido, en mi mente, cuando ya habían pasado.

Me pasaba mucho. Todo el rato.

Lo entedí con este concepto:

Disociación traumática.

Mi caso fue muy extremo, pero tú también lo haces, ya vas a ver.

La disociación es una especie de fragmentación de la mente. Esto pasa porque a tu conciencia “normal” le supera tanto algo emocional, que no lo puede gestionar. Entonces la persona que normalmente va al volante se retira, y aparece una conciencia específica para abordar el caso.

Te pongo un ejemplo: las personas que tienen ataques de ira o de celos, y luego no saben ni lo que han hecho.

Esto es lo que pasa, explicado de una forma muy reduccionista:

La mente habitual no puede sostener la carga emocional. Así que se pasa el volante a la conciencia B, que se mueve solo en la rabia o el miedo. Como no se divide en la empatía y la rabia a la vez, es una mente reducida, concentrada y enfocada en superar el conflicto. Los recursos mentales se enfocan en una sola cosa. A veces esto es tan intenso, que hasta se suspende la capacidad del hipocampo para almacenar recuerdos.

Cuando el conflicto baja y la “mente normal” vuelve al mando, ni siquiera puede evaluar, aprender, reparar, regularse… Porque todo lo que se ha hecho, ¡lo ha hecho otra!

Esto sucede muy habitualmente en víctimas de abuso sexual, que se “dejaron” (MUY EN COMILLAS), sencillamente porque era la única forma de afrontar las emociones de lo que les estaba pasando.

Luego su cerebro bloquea el recuerdo y muchos años después lo desbloquean en un sueño o una terapia. Porque eso se quedó ahí, sin procesar.

Y tú, pensarás: ¿Cómo puedes no acordarte de que te han abusado? Bueno cari, pues porque disociaste, porque era lo mejor que tenías para lidiar en ese momento, y porque procesarlo requiere ayuda.

Pero espera porque, en una muy menor medida, tú lo haces en tu día a día.

Solo que lo llamamos de otra manera: compartimentar.

  • Lo haces, por ejemplo, cuando vas de lunes a viernes a un trabajo que no te gusta. O que, incluso, contradice tus valores.

  • Lo haces cuando has tenido una tormenta emocional, estás triste y, aun así, pones buena cara para que no te lo note tu familia.

  • Lo haces cuando no te apetece la reunión social, porque tienes una gran necesidad de descanso, pero no te atreves a cancelar a la gente que viene a tu casa. Y simplemente asumes que, luego, estás el doble de agotada.

  • Lo haces cuando has tenido un periodo de gran estrés, y aún no sacas rato para descansar y conectar contigo mismo.

Este mecanismo es muy útil y adaptativo. Es un botón de pausa en el que dices:

  • No puedo permitirme estar triste ahora, lo procesamos luego.

  • Necesito el dinero ahora, ya buscaremos otro trabajo más adelante.

  • Solo tengo este rato con los niños, ya me atenderé cuando se vayan a la cama.

La clave aquí es: cuán a menudo ESTE es tu principal mecanismo de gestión del conflicto interno.

Si el luego lo atiendo se convierte en semanas, meses o años, entonces ya no hablamos de compartimentar.

Si compartimentar es posponer tus necesidades, disociar es anularlas de forma permanente.

Tu conciencia habitual puede gestionar el hecho de compartimentar.

Pero disociar implica una cierta desintegración interior. Un cúmulo de cosas sin procesar que se quedan a nivel subconsciente, en el cuerpo, en fantasías...

Entonces empiezas a comportarte con la personalidad X cuando estás disociado, y con la personalidad Y cuando estás conectado.

Si lo haces muy habitualmente, lo normal es que llegues a un punto en el que ni siquiera sepas identificar qué necesitas.

Como ves, lo contrario a la disociación, sería la conexión.

Conectar es: saber qué necesitas y, además, hacerlo.

Y, ¿sabes cómo se llama también a conocer y atender lo que necesitas? Autoestima, beibe.

Pero no hablo de conocerse de manera estática, con sentencias del tipo: SOY ASÍ.

La verdadera autoestima viene de estar día a día evaluando qué necesitas AHORA.

Incluso cuando colisiona frontalmente con lo que crees que eres o crees que piensas (ahí sí que se pone a prueba tu autoestima).

Por eso más que hablar de ser, me gusta hablar de estar siendo.

Si logras decirte la verdad sobre quién estás siendo y qué estás necesitando, y logras darle espacio en tu vida, realmente puedes hablar de tener una buena autoestima.

Si vives compartimentalizando o disociando, entonces vives en un estado de negación de tus necesidades.

Actúas como si tú no importas, como si tus necesidades no importan y.. ¿Sabes qué? Que tu autoestima te está mirando siempre. Y el mensaje que recibe es: minimízate.

Así que actuará en consecuencia la próxima vez.

Hay un paso sencillo para empezar a cambiar esta tendencia, te doy una pista: Observa a dónde van tus fantasías, cuando cierras los ojos.

Si sueñas con otras personas, con cambiar X o Y en tu vida, con irte de viaje, con tumbarte en la playa a no hacer nada… Trata de averiguar de qué necesidad te están hablando esas imágenes: Descanso, novedad, ser visto, propósito, conexión, intimidad…

¿Sabes por qué funciona esto? Porque cuando tienes necesidades descubiertas en la realidad, tu cerebro las cubre donde sí puede: en fantasías y sueños.

Ahí tienes el mapa con los primeros pasos para empezar a reconstruir tu autoestima.

Otro día te cuento cómo yo uso esto a mi favor para liberarme de emociones que necesito procesar, por ejemplo, después una ruptura o una decepción.

Mientras tanto,

Sé feliz.

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)