¿Quieres salir de una conversación que te incomoda?

Hace unos años me di cuenta de que el síndrome del impostor no se circunscribe al trabajo.

Ya sabes, a que pienses que no puedes hacer eso, que estás infracualificado, que hay gente mejor que tu, por qué te iban a contratar a ti…

Pues a mi eso me pasaba en las relaciones sociales.

Quizá en psicología tiene otro nombre (ansiedad social, trastorno de identidad….). Pero yo que vengo del mundo del emprendimiento, lo comparo mucho con la sensación del síndrome del impostor.

Mira, a mi antes me pasaba mucho esto:

Yo me sentaba a una mesa con gente y estaba toda la conversación evitando los temas que iban a revelar algo sobre mi.

Algo que me incomodaba que, en ese momento, era casi todo.

Una conversación cualquiera, en un bar cualquiera, con personas contando cosas tipo:

Pues yo con 25 años me fui de mochilero a Indonesia un mes y me cambió la vida porque conocía gente maravillosa y blablablá. ¿Y tú, a dónde has viajado?

Pues yo con 25 años estaba saliendo de una relación de abuso que me dejó una deuda con el banco con la que me podría haber comprado el coche con aire acondicionado que no tengo, así que lo máximo que pensaba en viajar era cómo pagarme el abono de 20€ para poder ir al trabajo el mes que viene.

Claro, cortas el rollo a tope.

Y el problema es que esto se extendía a muchos aspectos de mi vida veinteañera.

Mientras la gente normal estaba estudiando en Holanda o haciendo el interrail, yo estaba lidiando con ataques de pánico, amistades cercenadas por el aislamiento, una familia hostil, dos perros enfermos de los que me hice cargo sola, una mudanza cada año y medio… Y trabajando a un muy alto rendimiento en startups.

Pues sí, cuando llegaban esas conversaciones de cafetería, vivía con el miedo constante a que se revelara algo, que descubrieran mi PTSD, que la conversación girara hacia mi y se cortara el buen rollo con todo mi drama vital.

Que vieran que no era normal, y me rechazaran por ello. Porque no sabía qué contar de mi que no fuera un drama vital.

¿Qué cambió con el tiempo, la terapia y el trabajo interno?

Que acepté todo eso como parte del camino que me hace a mi, mi historia personal, especial.

Yo quería sentirme incluida.

Pero no había nadie excluyéndome, aparte de mi misma.

Mi síndrome de la impostora social no se resolvió porque cambié de grupo de amigos.

Cambié de amigos mil veces, y siempre lo llevé a cuestas.

Mi síndrome de la impostora cambió porque encontré la forma de darme la aceptación que necesitaba.

Y empecé a elegir contar o no contar porque me apetecía, no por miedo a ser rechazada.

Esa es la gracia, que realmente nadie te puede hacer sentir nada que tu no sientas ya.

Al rechazar una parte tan grande de mi, encontraba razones para excluirme. Y lo proyectaba como miedo a que me rechazaran otros.

Al aceptar la mayor parte de mi, encontré las razones para integrarme. Así que el rechazo o la aceptación de otros ya no vibra conmigo.

Lo que vibra es si estoy alineada contigo o no, no si soy válida o no.

De hecho, si ahora alguien me intenta excluir o menospreciar, mi reacción emocional varía desde la indiferencia hasta ser yo quien expulsa de mi vida a esa persona.

Sea cual sea el caso, ese sentimiento nace y muere dentro de mi, no fuera.

Lo de fuera no tiene fuerza real, solo te confirma lo que tú ya sientes.

Imagínate, si me pasaba esto en una conversación de bar, cómo no me pasaba cuando decidí hacerme consultora de marketing digital, y tener que decirle a la gente: confía en mí.

Sabía que quería elegir este camino casi desde que empecé, pero he tardado 8 años en atreverme.

¿Tengo muchísimos más conocimientos ahora que hace 3 años?

No tanto.

Lo que sí tengo ahora es la creencia de que puedo ayudar en un negocio digital.

Así que me atrevo a ponerme delante de un cliente y meterme hasta la cocina.

No porque lo sepa hacer mucho mejor, si no porque he aceptado lo que sé y lo que no:

Ahora opera en la realidad creyendo que sí puedo.

Y que, lo que no pueda, buscaré como resolverlo o asumiré con naturalidad que se escapa de mi territorio.

Relee eso, porque cada vez que dices esa frase te inyectas 100ml de autoestima en vena.

Ese síndrome del impostor (que al final solo es un esto aun no me lo creo) te muestra un espacio donde quieres ir a probarte que sí puedes.

A creerte tu , tanto como te crees tu no.

Dándote la aceptación que tanto buscas en los demás, el síndrome del impostor se resuelve solo.

Se feliz

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)