He usado un accidente de tráfico para subir mi autoestima

El 1 de septiembre sufrí mi primer accidente de tráfico serio.

Pasó así:

Yo circulaba en Ávila por una carretera secundaria, a unos 70-80 km/h, cuando una furgoneta salió de un Stop a mi izquierda, y me embistió en el lado conductor.

Hicimos una bonita cruz y su parachoques se quedó clavado en mi puerta.

Mi coche de 23 años no tiene airbags ahí, así que la puerta del conductor es uno de los puntos más críticos:

Imagínate un jaleo de esta envergadura, con trauma físico, emocional, económico…

PERO.

Yo, que ya he vivido 5 vidas en esta, he aprendido que cuando nos pasa algo emocionalmente fuerte, hay que pensar MUY, PERO QUE MUY BIEN, en la narrativa.

Es decir: qué te vas a contar a ti misma sobre esto que te ha pasado.

Para un susto tan descomunal, necesitaba crear una narrativa que me permitiera integrar la experiencia, sin perder mi confianza como conductora.

Es decir, manipular mi narrativa, para que no fuera en detrimento de mi autoestima, sino, a su favor.

Y digo manipular, porque eso es tomar el control de tu narrativa: elegir los hechos, las emociones, y crear conscientemente algo que te beneficie.

Los días siguientes al accidente, tuve que empezar a contarlo.

Así que me fijé muy bien en las palabras que salían de mi boca, y puse intención en resaltar algunos datos e ignorar otros.

Por ejemplo, que a los dos minutos del accidente, mi primer accidente en el que no sabía cómo se procedía, apareció una grúa que pasaba por allí, y nos ayudó a gestionar absolutamente todo.

O que los agentes de la guardia civil que se presentaron, fueron empáticos y facilitadores, y me dieron un atestado donde la otra parte admitía toda la responsabilidad, lo cual me ayudaba con mi seguro a posteriori.

Incluso me olvidé el DNI y condujeron 20 minutos para devolvérmelo.

O que las personas que presenciaron el accidente se acercaron a vigilar a mis perros que estaban en el coche mientras hacíamos las gestiones. O a ofrecerme un abrazo en mitad de mi ataque de pánico.

Que, por supuesto, acepté. Gracias, chica desconocida, me ayudó mucho.

Incluso la conductora que me embistió, fue compasiva, me pidió perdón muchas veces y terminamos todo el proceso dándonos un abrazo de persona a persona.

También hubo cosas negativas, por supuesto.

  • El sonido del golpe y los hierros de los coches, repitiéndose en bucle en mi mente.

  • La visión de la furgoneta echándoseme encima, cada vez que cerraba los ojos.

  • O la personaja de la taxista que me recogió para llevarme a mi casa.

La tipa llegó desquiciada, diciendo que casi tenía un accidente ella viniendo a por mi.

SEÑORA, ¿LA SENSIBILIDAD?

Además no me dirigió la palabra durante 50 minutos, a pesar de que yo iba llorando en el asiento de atrás.

SEÑORA, VÁYASE.

En fin.

Daba igual.

Porque yo tenía claro que tenía que controlar la narrativa.

Así que elegí contar mayormente lo que sí salió bien.

Como que hay personas que con accidentes así, dicen adiós. Y no fue mi caso, ni el de Jaku y Pinta que iban detrás.

Ni el de la otra conductora.

Y porque después de una cosa así, necesitas convencerte de que volver a coger un coche es seguro.



Esa parte de trauma, se puede paliar, en parte, con la narrativa.

Para nutrir esta parte, simplemente repasé todas las veces que había cogido un coche, que había hecho ese viaje y había pasado por ese cruce, y no me había pasado nada.

Incluso pensé en todas las veces que he esquivado accidentes, porque tengo muy buenos reflejos (resulta que el TDAH para conducir es un superpoder).

Incluso mi coche es ahora más seguro que antes, porque me ha protegido de un embiste así.

También sé que después de un fuerte ataque de ansiedad, y de una subida de adrenalina, vienen varios días de recuperación de la resaca hormonal y emocional.

Dar ese espacio a las emociones, también es fundamental para crear una narrativa que te refuerce.

Si no, solo estarías tapando con palabrería o argumentos lógicos, algo que necesita ser sentido para poder irse.

Así que durante la siguiente semana, hice todo lo que se puede hacer cuando tu necesidad de seguridad se ha descubierto tanto: recuperar la sensación de calma.

Para mi esto se ve como:

  • Permitirme estar en casa el máximo tiempo posible.

  • Cocinarme comida como la de mi madre.

  • Darme duchas calientes.

  • Hablar por teléfono con mi gente todas las veces que necesite.

  • Ver series o películas que ya he visto y me relajan.

  • Suspender el entrenamiento físico y cualquier exigencia de mi rutina normal a excepción de los innegociables (como sacar a los perros o atender a mis clientes urgentes).

Y, lo bueno, es que permitiéndote sentir todo y restaurando una necesidad tan básica como la seguridad, apoyas esa narrativa positiva.

Y también detectas el momento en el que ya no necesitas hacer todo esto.

Ese en el que sabes que prolongar estas actitudes desvíaría tu narrativa de la validación, la autocompasión y la aceptación, al victimismo.

Una buena autoestima, te provee de una narrativa equilibrada.

Y una buena narrativa, te provee de una mejor autoestima.

Ni todo es bueno, ni todo es malo.

Ni todo es azar, ni todo es destino.

Ni todo eres tú, ni todo son los demás.

La buena autoestima y la narrativa sana, circulan por la calle del medio.

Tú, además, circula con precaución.



Sé feliz.

Hola, soy Claudia

Y hace unos años tenía una autoestima de m*erda que asfixiaba todos mi intentos por prosperar. Ni siquiera lo sabía. Ahora vivo alucinada por todo lo que pasa después de construir una buena autoestima, incluído mi sueño de vivir libre siendo consultora. Pero te lo cuento solo si te suscribes :)